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            No sabía el motivo, pero mi familia y yo nos encontrábamos aparcados en una isleta verde en el centro de la ciudad. Podría ser Madrid, Barcelona, o al menos la impresión era la de una gran ciudad conocida. Subconscientemente tenía la sensación de estar de picnic: ¿en la ciudad? Repentinamente se escuchó un fuerte ruido, quizá una explosión y la multitud que había en la calle se volvió a mirar hacia algún lugar impreciso, primero hacia la derecha y luego a la izquierda. Además se oyeron comentarios absurdos e inconexos sobre el motivo de aquella agitación en la gente. Creo que hacían mención a alguna persona conocida, pero con la idea de ser una especie de santo o más bien santa. Entonces todo el mundo corrió aglomerándose hacia el lugar a donde miraban. También mi mujer lo hizo así como mis hijos, aunque creo que pude gritar a mi hija para que avisase a su madre para que volviese, puesto que teníamos que marcharnos ya. Recuerdo mi impaciencia y por fin aparecieron todos y comenzamos a meternos en el coche. Sin saber la causa, mi hijo iba en el maletero y yo tenía un gran cuidado colocando las maderas y objetos que allí iban, a fin de que no le molestasen durante el viaje. Luego subí al coche y arranqué saliendo a la calzada sin saber adonde iba, aunque sí perduró la impresión de que era algún lugar agradable, quizá nuestra casa, o quizá un lugar de vacaciones.

            En el segundo sueño estábamos en nuestra casa y yo me encontraba preparándome para salir. Me vestía y sabía que iba a algún lugar que no me era desagradable pero si tedioso, puede que una escuela o una clase de algo. También mi mujer se preparaba para salir con mis hijos, aunque no me quedó claro si era con ambos o con alguno en concreto. Ellos iban a ir de compras y yo les recomendaba que acudiesen a un comercio determinado por la cantidad de modelos y buen precio de los pantalones vaqueros. Entretanto, yo me vestía un tanto informalmente, echando en falta la corbata, aunque pensaba que tampoco era necesaria a donde iba. Pensaba con satisfacción que me pondría la nueva cazadora que había comprado días antes, mientras le preguntaba a mi mujer si el pantalón vaquero que me iba a poner era el más adecuado. Luego creo que estuve viajando en el metro y, en una nebulosa imprecisa, puede que un sobresalto del sueño, recuerdo que ya había llegado a mi destino. Aquí confundí la sensación de estar yendo con alguien más, quizá algún amigo y ser yo quien lo guiaba en el metro, aunque esto es posible que pertenezca a otra historia. No obstante, aunque fuese o no así, sí recuerdo como buscábamos el vagón más adecuado y lo agradable del viaje, donde charlábamos y reíamos de algún tema sumido en el olvido.

             Pasado un duermevela, apareció ante mí la imagen de nuestro jardín o tal vez el de algún vecino. La escena era grata y allí nos encontrábamos toda mi familia. Recuerdo confusamente nuestros juegos con un perro, que curiosamente no era el nuestro, aunque más que jugar lo que hacíamos era observar desde algún sitio sus evoluciones y la pelea con sus dueños, quienes trataban de llevarlo hacia algún sitio o impedir que pasase por otro. Por fin le excavaron un foso justo bajo nuestra posición, de donde el perro no podía salir. Al fin y tras varias evoluciones, el animal pudo salir por nuestro lado, lo que yo aproveché para llamarlo y acariciarlo. Sé que lo llamé por su nombre, no recuerdo cual. El animal se acercó y se dejó acariciar agradecido, mientras mi hija, tendida a mi lado, intentaba acariciarlo a su vez. Tengo la precisión de la dueña del perro observándonos con suspicacia y cierta desconfianza.