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MULUMBY

–¡Kamanda! –se acercó uno de los soldados, un blanco de cara levemente rojiza y pelo ensortijado y color zanahoria, engalonado en todos los lugares visibles de su chaqueta y que parecía tener mayor soltura en el trato con el individuo–. Son gente de Tanzania, de Zambia y Malawi, creo que hablan en swahili. ¿Desea que les traduzca sus ordenes?

–¿Entiendes swahili? –preguntó entonces el comandante a Mulumby, mirando despectivamente hacia el militar que se hubo ofrecido a traducirle.

–Esa es mi lengua y la de mis ancestros –repuso Mulumby sin apartar sus ojos del rostro que le interpelaba a menos de dos cuartas de distancia.

–Eres orgulloso y eso me gusta –levantó luego la voz para que todos le oyesen. Yo soy Godwin, vuestro kamanda y él –señaló a su secuaz–, es Hendrik, “el belga”. Cuando yo no estoy a la vista –hizo una pausa mirándoles a todos y cerciorándose de su atención–, él es vuestro kamanda –ahora se hizo más pronunciada la curva del lado izquierdo de su boca–. Todo esto –señaló ampulosamente con la mano a su alrededor–, es un kambi. Por eso, desobedecerme o intentar huir es buscar la muerte... –mantuvo a su vez sus ojos engastados en los de Mulumby.

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ZA-92-07