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Claro que existen muchos tipos de sociedades. Sin embargo, uno debe de habituarse a lo que hay. Ya dice aquel refrán que "donde fueres haz lo que vieres". Después, uno se encuentra bien o no, depende de la adaptabilidad de cada cual. Y la sociedad en la que a mí me tocó vivir, en aquellos mis años más sensibles, más influenciables, no era como la de hoy. La sociedad se transforma, es modificable aunque los efectos no sean demasiado mediatos. Pero los inventos, las tecnologías, la política, la religión y la globalización van dejando su huella en la mayoría, y nosotros, los números estadísticos, somos la película sensible, los portadores, el testigo transmisor de lo que ha ido cambiando.

También yo  he ido cambiando, no obstante cuando recapacito, soy consciente de la transformación. Todos somos como la cera y la cera es maleable con el calor, la presión y la erosión. Y yo sé que he cambiado, por que ahora soy capaz de transcribir mis emociones y mis sentimientos de manera consciente y reflexiva. Aún me doy cuenta de las diferencias que la vida, el entorno, la formación, etc., han ido marcando en mi mente, en mi carácter. No es el dinero lo que más me interesa y eso ya es una diferencia en un planeta gobernado en su  mayor parte por el interés, por el valor financiero o económico de las cosas. Me hace gracia que algunos, amigos y conocidos, no se lo crean, justo hasta el instante en el que rechazo su oferta o les muestro mi repugna por su actitud.

 Así pues y volviendo al párrafo del principio, yo me encuentro bien, no he dejado que el interés me mueva en ninguna ocasión y he podido recordar los ojos llenos de extrañeza de quienes esperaron que, tras algún favor de mi mano, no pusiera la otra para cobrarlo. Ahora piensa tú mismo, ¿cuántos están bien hoy porque tu sensibilidad supo que te necesitaban? Si puedes contar alguno, ya tienes un tesoro que te podrás llevar cuando desaparezcas de esta vida. Otra cosa no podrás llevarte, ¡seguro! De momento, hay que dejar de lado a todos los que solo buscan el oro, ellos encarecen la vida, ellos hacen que los menos afortunados sean cada día más menesterosos y cuenten como inanes. Déjales que ganen su riqueza, pero solos, sin tu beneplácito, sin tu reverencia o tu admiración, sin tu apoyo.

 La sociedad de hoy es, en su mayoría, gregaria, ferozmente competitiva y emuladora. Pero, solamente con detenerse a pensarlo durante un instante, sabremos cómo va a ser la sociedad en un futuro cercano. No habrá sitio para los débiles, los que no tienen, los menos facultados por la vida. El trabajo tendrá que ser compartido o las hordas de parados no dejaran que los más afortunados vivan tranquilos. Se llegará a tener un salario compuesto de otros elementos que no serán absolutamente el dinero efectivo. Puede que los artículos de necesidad básica sean suministrados controladamente en forma de vales: la vivienda, la comida y el vestido llegarán al final de cada periodo laboral de esa forma y el tiempo de ocio será otro factor que habrá de discutirse y establecer de manera programada. Tampoco eso será muy malo, al menos muchos no podrán robar a los débiles, no podrán abusar de los obreros. Esa será la tendencia, no es ciencia ficción, y cuanto antes nos convenzamos y establezcamos unas nuevas premisas de relaciones sociales, unas nuevas formas de vivir, antes llegaremos a la estabilidad.

 Ahora se están descubriendo las felonías que determinados gobiernos anduvieron haciendo con disculpas sin sentido. Hoy escuché lo de la tristemente y mal denominada, gripe española. Casualmente esa gripe surgió en algún acuartelamiento de los Estados Unidos. Muy lejos de este nuestro país. En aquel entonces, los soldados ya contagiados, los metieron a toda prisa en los cargueros de tropas y los mandaron a Europa, a luchar en la guerra europea, a pelear por la vida que ya llevaban perdida. Total, ¡qué más daba si la mayoría iba a morir! Luego ocurrió igual que con los conejos en Australia y los soldados americanos contagiaron a sus aliados europeos en las trincheras y en los hospitales,  y el virus, mutado y fortalecido regresó a su lugar de origen, como huésped de los emigrantes. En el planeta cayeron muchos millones de personas y no era la peste bubónica. Claro que yo, que en esos casos soy mal pensado, me digo que eso también les vino muy "al pelo" a algunos dirigentes incapaces de paliar los efectos del desempleo. Ya tengo una novela iniciada y me da miedo terminarla, por si algún "prócer" saca ideas... Aunque ellos ya se bastan por si mismos para cometer actos de barbarie, ahí están los descubrimientos sacados a la luz pública de los experimentos químicos, farmacéuticos y radiactivos hechos con civiles, presos, soldados, indigentes, enfermos incurables, etc., de USA, URSS, China, Irak y un largo etcétera.