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Siempre, salvo raras excepciones, han sido las mujeres quienes manejaron el hogar. Creo que pocos se atreverán a dudar de la influencia femenina en lo relativo a los niños en una casa. Hoy día, con tanto invento de "tele", consolas de juego y ordenadores, es posible que esa impronta de siempre se esté viendo mermada.

Sin embargo, en mi casa eran otros tiempos y las mujeres fueron dominantes. En mis primeros años, además de mi madre, durante mucho tiempo nos hizo compañía una hermana suya.

La tía Ubaldita era parapléjica por causa de un accidente en su infancia. La mujer no podía moverse de la silla sin ayuda. Pero sus cuentos eran absorbidos por mis orejas de esponja, mientras miraba sin pestañear su cara regordeta y sonriente. También me indujo su fuerza de voluntad, dura como el acero, manejando con su boca la cuchara de las papillas de mi hermana pequeña, escribiendo y dibujando con el lápiz sujeto entre los dientes. Supe por ella que todo era proponérselo. Pero el día que se fue, no me dejaban verla, aunque yo me lo propuse.

También otra mujer del clan, mi tía Conchita, fue inductora del sentido del humor, el buen trato y el gusto por las tertulias. Su generosidad, a pesar de su economía de viuda con hijos, era para mí algo mágico y esperado en las muchas ocasiones en las que venía a casa. Ella también se fue y esa vez, por ser yo más mayor, fui más comprensivo con su dolorosa partida y tuve que llorar. Siempre traté, desde aquello, de sentarme en las reuniones de fiestas, santos o cumpleaños en el mismo sitio donde ella lo hacía y nunca le faltó nada del ambigú, que era su mayor debilidad.

Aún hubieron en mi vida las mujeres del clan de mi padre, y nunca me gustó ser como mi tía la modista de alta costura y clase dirigente, pero lejana y fría, dadivosa para lo que le sobraba pero olvidadiza con las promesas. De todas formas, no le pediré mi reloj de primera comunión en el Cielo, yo no creo en otras vidas y quizá tampoco me la hubiera encontrado allí. Aunque, también he sacado algo de ella, y es lo que no quiero ser.