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Gus es su nombre de guerra, aunque sea un hombre de cultura y de paz. No le agrada que le llamen Agustín. Es realmente un erudito y cuando se habla con él, hay que escucharle sin distraerse, o de lo contrario podrías encontrarte navegando en otro océano. Pero su verbo tiene buenos fundamentos si miramos hacia su árbol genealógico, en el que aparece destacando con su excelente literatura y su obra García Calvo. Sin embargo, Gus es muy temperamental y no desea que se mencione a su abuelo, lo que hacemos desde aquí tan solo para dar algo de cultura a quien lo desconozca; ya sabemos que la buena pluma de Gus no necesita de otros avales. Para mí es un buen amigo y casi debería decir que un padrino cuando estuvo en la presentación a los medios de mi primera editorial. Él anduvo conmigo, apoyándome y otorgándome esa confianza que a uno se le escapa en el último segundo, ese instante en el que un periodista te plantea la primera pregunta. Su fisonomía, fue esos días inconfundible por su cabellera abundando sobre sus hombros y su andadura de zancada larga y pausada. Localizarle no es difícil si uno conoce un calendario de actos culturales, en los que él anda casi siempre metido. También es uno de los tertulios de un grupo interesado en la cultura y en la intelectualidad, búscale en Los Tilos algún viernes. Ahora está ya en camino de acabar su próxima obra, la que muchos esperamos con verdaderas ganas y la que yo deseo sea  un logro completo. Pero presumo que a Gus, un personaje muy carismático y desprendido de ciertos deseos humanos, lo que le interesa por encima de todo es la divulgación de sus ideas y sus formas de razonamiento más que el propio "éxito". Como él mismo dice: "soy un hombre público".