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PRÓLOGO

En esta ocasión, lo onírico, algo que proviene del misterioso sustrato de nuestro cerebro, donde la imaginación se desborda como una catarata imparable y se derrama en nuestro consciente sólo durante el sueño, ha venido a fluir en mis dedos para verterse al papel y dejar un contraste lleno de lo barroco, lo gongorino, describiendo el terror, la utopía, los deseos escondidos y lo jocoso que aparece como un respiro al final del acto.

Quizá, al lector le sorprenda el lenguaje recargado y tan retorcido que he utilizado en este pequeño primer relato del libro. Sin embargo, pienso que en este caso ha sido ineludible para proveer del necesario vehículo al misterio, a lo sorprendente, a esas imágenes que son realmente difíciles de relatar cuando te despiertas y te quedas en la oscuridad pensando en la vivencia reciente, sus estímulos aún vibrando en tu piel, de algo que puede que recuerdes con placer o con verdadero terror.

Se sabe que en cada persona, el sueño, las imágenes o historias que aparecen mientras duerme, no lo hacen con las mismas propiedades. Los míos son realmente nítidos, a todo color y me dejan impregnado el consciente con tal lujo de detalles que soy capaz de describir lo ¿vivido?, bastante tiempo después de haberme despertado, reconociendo en la mayor parte de las ocasiones a los personajes por sus nombres en la vida real, los colores, las conversaciones y hasta los olores y sabores. Curiosamente, nunca he podido leer ningún texto que apareciese en el sueño, un rótulo, un periódico o cualquier cosa escrita; únicamente he llegado a conocer el significado de aquellas palabras como algo ya preconcebido o dicho verbalmente por otro de los personajes.

¿También tú recuerdas los sueños cada amanecer?