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El estilo es una propiedad que va implícita al relato e identifica al autor. Entiendo, al menos en mi caso, que según la clase de historia que trato de contar, así se montan en mi mente las oraciones y frases que dan vida a mi narración. Despertar para un sueño, si bien está englobada en el sector de novela romántica, mantiene una diferencia notable con la anterior publicación: de Oda a Beatriz. Es esta última, una obra romántica donde el protagonista adolece de un sentido totalmente barroco y quizá extemporáneo en los sentimientos por su amada. Así, el lenguaje utilizado, la forma de componer cada sintagma, las propias expresiones del personaje principal y del narrador, quien permanece identificado en todo instante con el protagonista, son de una época anterior, donde los sentimientos eran el factor preponderante de una relación amorosa. También el vehículo que utiliza el autor con abundancia de términos marinos, presta un carácter poético a la trama e imprime ese sabor poco frecuente y algo complejo, más que nada en su simbolismo y sus continuas metáforas. Sin embargo, Despertar para un sueño, se engloba por completo en el territorio de la novela "rosa", subgénero en el que las acciones de los implicados en la trama, sus deseos, sus interacciones, son las propias de la sociedad actual, más dentro del mundo de las pasiones, de lo físico y de reacciones humanas como la envidia, los celos y otras miserias que marcan huella en las personas y encauzan sus actos. La casualidad y el deseo, son los agentes externos que parecen manejar los hilos de los personajes y todo ello ha de ser contado de una forma más acorde con la realidad actual, utilizando las expresiones y el lenguaje cotidiano de estos días. Con esa óptica, el estilo ha sido totalmente alterado y podría parecer que el autor se ha dualizado para marcar la diferencia entre las dos obras.