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¿Tendrá culpa la genética? ¿Quizá el entorno familiar? En mi caso no hubo nada peculiar dentro de mi familia. Así que me debo de inclinar por el primer supuesto. Creo que la rama materna ha sido la culpable de esas aptitudes y esos gustos que me han empujado siempre a pintar, a componer música o escribir. Y no lo he intentado en otras esferas porque el tiempo no es infinito y esa curiosidad por pintar óleo, luego intentarlo en la acuarela o con la cera, ya se me llevaba suficientes horas de las que me quedaban tras aprender a tocar la guitarra, la armónica o el acordeón. Y hubiese intentado aprender cada uno de los instrumentos existentes si hubieran caído en mis manos.

Puede que, también, tenga algo que ver la habilidad manual con ese sentido por lo artístico. Así anduve desde chico montando aquellas complejas y enormes maquetas de barcos célebres, "La Bounty", "El Victory", "El San Juan Nepomuceno" y muchos otros más. EL problema fue siempre que el día no daba más allá de veinticuatro horas y gran parte de la noche la ocupaba mi afición predilecta: leer. Con aquello se formó mi costumbre de dormir pocas horas, una conducta espartana que me procuraba tanta libertad.

Pero, independiente del tiempo y mi curiosidad natural por disfrutar del placer de crear, fue naciendo en mí la apreciación de lo bello, la admiración por quienes demostraron siempre el poder de su imaginación, de su aptitud creativa y de su inspiración increíble. De ellos tuve siempre el destello que me ha permitido seguir mi camino y vivir en mi propio mundo. Esa es la herencia que yo deseo legar a quien sienta como yo.